lunes, 29 de agosto de 2016

Donde dije digo digo diego.

Lo he intentado, he contado hasta diez y hasta cien incluso. He apretado y respirado en la herida. Me he comido mis palabras, las he escrito, les he echado un pulso y he salido perdiendo. He cogido, esmagado y borrado todos tus recuerdos de mi vida. Los he pisoteado y me he hecho un pintalabios nuevo para verme más guapa sin ti. He tirado tus gustos, tus manías y tus cuentos. Tus palabras bonitas y tu sonrisa han acabado en el mismo sitio en el que acaban todas las cosas que la gente quiere olvidar. Y sin embargo, no hay un día en el que no piense en ti. No hay un día en el que una persona te nombre sin querer o diga algo que inmediatamente me haga recordarte. No hay un día en el que no eche de menos tus besos, o esa forma tuya que tenías de mirarme. Nos deseábamos, nos comíamos con los ojos. Pero se acabó. Sé el por qué y me acuerdo del cómo, pero todavía no lo entiendo. Pero no te preocupes, aquí me quedo, esperando a que el tiempo me lo explique.

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