Lo
he intentado, he contado hasta diez y hasta cien incluso. He apretado
y respirado en la herida. Me he comido mis palabras, las he escrito,
les he echado un pulso y he salido perdiendo. He cogido, esmagado y
borrado todos tus recuerdos de mi vida. Los he pisoteado y me he
hecho un pintalabios nuevo para verme más guapa sin ti. He tirado
tus gustos, tus manías y tus cuentos. Tus palabras bonitas y tu
sonrisa han acabado en el mismo sitio en el que acaban todas las
cosas que la gente quiere olvidar. Y sin embargo, no hay un día en el
que no piense en ti. No hay un día en el que una persona te nombre
sin querer o diga algo que inmediatamente me haga recordarte. No hay
un día en el que no eche de menos tus besos, o esa forma tuya que
tenías de mirarme. Nos deseábamos, nos comíamos con los ojos. Pero
se acabó. Sé el por qué y me acuerdo del cómo, pero
todavía no lo entiendo. Pero no te preocupes, aquí me quedo,
esperando a que el tiempo me lo explique.
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