martes, 29 de noviembre de 2016

Tarde, mal y a rastro.

Me levanto, he soñado contigo, pero no le doy importancia. Sigo mi vida, otro día más, otro día más pasado por alto. Me vuelvo a acostar y todo parece igual. Vuelves a venir a mí. Sigo sin darle importancia, no quiero darle importancia. Estoy bien así, sin ti, sin nadie. Los días siguen y tu sigues así, recordándome todo lo que he hecho mal contigo. Vuelves incansable todas las noches. Lo acepto, aún te quiero. He dado el paso. Me he reconciliado conmigo misma. Lucho y lucho, no quiero hacerlo, no quiero volver a hacerte daño. Contengo mis palabras, con todas mis fuerzas. El día se hace fácil, tengo cosas que hacer. Pero llega la noche y otra vez apareces tu. Te quiero, te digo, solo quiero que lo sepas. La respuesta es de esperar. Ha pasado mucho tiempo, mucho dolor, muchos “y si?”. No hay nada que hacer, sigo con mi vida. Pero vuelves, y solo quiero que me dejes en paz, que mi consciencia me deje en paz. Quiero que deje de recordarme que lo he perdido todo, y que te echo de menos. Y tu ya no estás aquí, y yo vuelvo, fuerte y decidida, a volver a quererte.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Cristales

Me has pedido cosas humanamente intolerables. Me has pedido que me conforme con un amor a medias. Y es cierto, en su debido momento lo hice. Me conformé creyendo que era lo que me merecía. Creyendo que no podría tener algo mejor. Ahora cambio la perspectiva. Desde este ángulo las cosas ya no se ven opacas, he aprendido a apreciar la transparencia. Ya no me conformo con algo translúcido. Yo quiero verlo todo. No me quiero dejar nada atrás. Quiero a alguien sea capaz de mostrarse sin tapujos, sin ataduras y sin miedos. Quiero a alguien que agarre mi mano con la fuerza proporcional con la que siente el corazón. Las cosas a medias no fueron hechas para mí. Necesito vivir, entregarme a la locura sin arrepentimientos. Hoy le doy la mano a quien camine a mi lado independientemente de cual sea el camino.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Día 155

Y ya basta. Soy feliz, independiente y diferente. El mal humor ha quedado a un lado y he llegado a un punto de satisfacción personal difícil de imaginar. Me quiero, y me basta. Quiero vivir mi vida conmigo. Bailar si me apetece y disfrutar de las vistas. Caminar sola o acompañada, me da igual, quiero caminar. Quiero conseguir todo lo que me proponga. Querer a quienes me quieren y desterrar todo lo malo que algún día pueda estar a mi alrededor. No quiero perder el tiempo en discusiones, ya fue. Quiero reír y convertirme en una persona de la que poder sentirme orgullosa. Quiero devolver cada uno de los favores que me han hecho y paso a paso llegar. No sé cómo ni a dónde, pero llegar. He decidido disfrutar del camino, abrazarme a lo que tengo y no aferrarme a recuerdos. Quiero desterrar todo lo material en mi vida. Irme a vivir al monte, me basta. ¿Qué más da? Y tú, sí, tú, si quieres cogerme de la mano y venirte conmigo vente, estás invitado. 

miércoles, 31 de agosto de 2016

MARZO

Yo no soy de enseñar mis sentimientos, tampoco de guardármelos. Soy impulsiva. Tampoco soy de hablar de mi vida en las redes sociales, es más, las rehúso, o al menos, solía hacerlo. Escondía cada cosa que hacía porque no me sentía digna de enseñárselo a nadie. Siempre por debajo del resto. La eterna segundona me llamo. Supongo que mi vida fue fácil, yo quise verla así, y aún la veo. Pero no lo es. Este año he aprendido muchas cosas. He madurado. Me he dado cuenta de que si no me cuido nadie me va a cuidar. Que necesito amigos. Que no quiero colgarme de nadie, pero querer no es poder. Soy feliz conmigo misma, no necesito a nadie más. Nadie que se avergüence de mi, ni que me diga cómo me debo de comportar o qué debo de hacer con mi vida. La ansiada libertad. Por fin mi independencia como persona. Independencia de pensamiento. Pero aun quiero ir un paso más allá. Luchando por mi libertad me he vuelto a enjaular. Yo no fui, me digo, fue él. Pero no, fui yo. Yo soy la culpable. Soy la culpable de hacerme ilusiones, de tirar de un carro que no tiene ruedas y aún así pretender que ande. De creer que puedo conseguir todo lo que quiero, cuando no es así. Nadie puede conseguir todo lo que quiere. Lo que más me ha costado conseguir ha sido separar. Hacerme a la idea de que no puedes ser mío y que yo nunca seré tuya. Que el tiempo para colarte puede llegar a ser minúsculo, pero ¿y el de salida? No veo ningún cartel que ponga EXIT. Me he quedado atrapada, atascada. Ni mi mente ni mi cuerpo quieren salir de la encerrona que me creaste. No existe solución posible excepto la lejanía, el olvido. Supongo. Por suponer, me gusta suponer que algún día fui quien de atraerte. Alguien más importante que un simple visto y no visto. Algo más que un rollete. Fue tu culpa. Solo tú tienes la culpa de la esperanza. Supongo que los esperanzados están por debajo en el rango de culpabilidad. Sólo son inocentes que creen que los sueños son reales y no simples imágenes cerebrales que surgen por las noches. Tu esperanza fue jodida, muy jodida. Yo no habría sido tan intensa sin ella. Sabía que estabas enamorado. Pero supuse que sería quien de poder cambiar la situación. Me creí la superheroína saca-clavos, y la cagué. Metí la pata hasta el fondo. Ella volvió, y tu me echaste. Como a un perro, o mejor dicho, como a una perra. De esas de usar y tirar. Yo llevaba un cartel que decía: si estás cachondo, llámame. No caí hasta ahora. Hasta que acabé de bruces contra el suelo maldiciéndote a ti por perdedor. Sí, perdedor. Porque a pesar de haberme ganado la partida siguen faltándote puntos para alcanzar mi maldad contenida. No llegas. No sois capaces de imaginar todas las maldades que pasan por mi mente en apenas un segundo, y sin querer. Porque yo no quiero ser mala, simplemente me sale así. Hay días que me levanto y me digo, hoy vas a comportarte como una zorra, aunque luego solamente llegue a ser la perra que todo el mundo conoce. Te odio. Y no, no te odio porque seas malo. Te odio porque eres demasiado bueno. Lo tienes todo y más. Consigues lo que quieres cuando quieres. Pero se te olvida una cosa, cuando me quieras volver a conseguir a mi yo ya no estaré. Y no lo digo con segundas, bueno, sí, lo digo con segundas, ¿para qué mentir? Piensa si podrías haber sido mejor persona o haberte seguido comportado como un auténtico capullo. Un cabrón. Y mira que te avisé, te dije: eres la clase de tíos que rompen corazones. Y me dijiste: que va, es fachada. Fachada la que me enseñaste a mí. A ti se te veía venir de lejos.

lunes, 29 de agosto de 2016

Donde dije digo digo diego.

Lo he intentado, he contado hasta diez y hasta cien incluso. He apretado y respirado en la herida. Me he comido mis palabras, las he escrito, les he echado un pulso y he salido perdiendo. He cogido, esmagado y borrado todos tus recuerdos de mi vida. Los he pisoteado y me he hecho un pintalabios nuevo para verme más guapa sin ti. He tirado tus gustos, tus manías y tus cuentos. Tus palabras bonitas y tu sonrisa han acabado en el mismo sitio en el que acaban todas las cosas que la gente quiere olvidar. Y sin embargo, no hay un día en el que no piense en ti. No hay un día en el que una persona te nombre sin querer o diga algo que inmediatamente me haga recordarte. No hay un día en el que no eche de menos tus besos, o esa forma tuya que tenías de mirarme. Nos deseábamos, nos comíamos con los ojos. Pero se acabó. Sé el por qué y me acuerdo del cómo, pero todavía no lo entiendo. Pero no te preocupes, aquí me quedo, esperando a que el tiempo me lo explique.

miércoles, 27 de julio de 2016

Día 117

Un día yo ya no estaré. No es una amenaza, porque ese día tú tampoco estarás. Todo aquello que nos unía, ese día pasará a formar parte de algo mucho más grande, los recuerdos. Llegará un punto en el que ni tu me reconozcas a mí, ni yo encuentre nada en ti que me haga recordar el porqué de mi pasado. Y será normal, y estará bien. Cambiaremos de parecer, de corte de pelo, de costumbres, hasta de color favorito, y ni nos habremos dado cuenta. Ya no tendrás ganas de contarme tus problemas ni yo tendré ganas de soportar el hecho de contarte los míos. Seremos dos extraños. Me dirás: ¿dónde está la chica de la que me enamoré? Pero esa chica ya habrá desaparecido casi sin darnos cuenta, quizás a causa de un viaje, un nuevo amor, o una simple película de domingo por la tarde. Te seguiré queriendo, no me malinterpretes, pero ya no formarás parte de mi vida, al menos no de la forma que lo haces ahora. Y estoy tranquila. Supongo que lo deseo así.

viernes, 22 de julio de 2016

Día 112

Me he perdido. Que alguien me ayude porque no consigo encontrarme. Creía saber quién era yo y quién eras tú, y de pronto ni yo soy yo, ni tú eres tú. Sigo buscándome, sin prisa, pero sin pausa. Sin aferrarme a nada, sin sentir nada, solo dejando pasar el tiempo. Dejando pasar el tiempo. Lo dejo pasar. Dejo pasar los momentos, las personas, las oportunidades. Simplemente observo, y no veo nada. El tiempo me aburre, ya no soy yo. Hace tiempo que nadie me mira y me dice: "qué gusto da verte siempre sonreír". Hace mucho tiempo ya. Mi cuerpo se queja, me dice que me encuentre, que pare de buscar, que justo lo que necesito lo tengo aquí, a mi lado, esperando a que me digne a mirar. Me mantengo ocupada, parece que así el tiempo se acaba antes, que mientras haces algo no miras el reloj, pero sigo cansada. Muy cansada. Me canso de escucharme, de verme, de sentirme. Me canso de mis excusas, de mis chistes y de mis consejos. Me canso de mí. Y no existe manera posible de escapar de ahí. Tienes que quererte. Te obligan. Quiere a tu cuerpo, quiere lo que tienes, a tu familia, a tus amigos, a tu perro. Quiere a tus sueños. Quiere vida, quiere salud, quiere amor. Quiere libertades, y oblígate a luchar por ellas. Quiérete. No.

Haznos el favor, no quieras. Querer mata. Mata a tu cuerpo, a lo que tienes, a tu familia, a tus amigos, a tu perro. Querer mata los sueños. Pero sobretodo, mata a la vida, a la salud y al amor. Así que no, mejor no quieras, ama.